jueves, 29 de mayo de 2025

La señora del bolso mágico

         Un martes de hace poco más de dos años, conocí una sonrisa de entre un grupo de personas reunidas coloquialmente, que me recibió con la entrañable y a la vez descarada madurez de una señora de más de noventa años.

Sentirse acogido, sentirse integrado, sentirse amigo, fue casi instantáneo entre unas gentes que tenían y tienen en común conmigo el ver la vida con ojos que sin ver bien, lo ven todo.

Y esta señora, de talle corto, espalda doblada y bolso bajo el asiento de su inseparable andador, conectó rápidamente conmigo.

Sería su humor, su naturalidad, sus trabalenguas, su humildad, su bondad, su fortaleza, su inquebrantable decisión de no dejar pasar oportunidad de conocer, de admirar, o de participar en todo aquello que le ofrecían, lo que me hizo fijarme especialmente en ella.

 En las distancias cortas, esta mujer, no era igual; era aún mejor. Desprendía educación, dulzura, agradecimiento, sinceridad a todo aquel que ofreciera simplemente un brazo que acompañara su caminar a casa.

Yo fui afortunado al conocerla y podría asegurar sin lugar a equivocarme que dentro de ese bolso mágico en el que podía llevar desde un mechero, unas tijeras, o una navaja multiusos, también llevaba la amistad y el aprecio de todos los que tuvimos la gran suerte de conocerla.

A Pilar, con el agradecimiento de los que reconocemos que de vez en cuando la vida, la suerte o seguramente Dios nos bendice con almas así, todo mi cariño y aprecio. Las tertulias continuarán y aunque ya no serán igual, siempre habrá un tinto de verano para brindar por ti.

                                     D.E.P.