martes, 12 de mayo de 2026

Clapton 2.0

 


Prácticamente veinticinco años pasaron desde que un asiento en el antiguo Palacio de los Deportes de Madrid me dejó pegado a él cuando los últimos sones de Somewhere Over the Rainbow, seguían dulcificando mis pensamientos mientras unos operarios comenzaban a desmontar lo que pocos minutos antes fue un soberbio concierto de un tal Eric Clapton.

Ahora, veinticinco años después, regresé al mismo lugar pero no al mismo Palacio. Aquel que me acogió entonces, ardió poco después de ese concierto y de sus cenizas resurgió lo que hoy es el llamado Movistar Arena.

Para mi gusto, un lugar un poco frío de ambiente y sonoridad en el que sí debo reconocer que se ajusta más a las nuevas construcciones. Pero el pasado día siete de mayo, lo de menos era el lugar. Lo importante, era la ilusión de contemplar nuevamente el arte de aquel que hoy con ochenta y un años, aún sigue conservando la esencia de los mejores perfumes de las leyendas de la música.

Y  la ilusión era doble cuando me acompañaba una de esas hijas que como persona y como aficionada a la buena música, también es y será leyenda. No podía pedir más cuando accedimos a la pista del recinto. Poca gente entonces para poder aprovechar a ver al telonero que ese día tuvo a bien regalarnos parte de su arte. Un tal Andy Fairwather Low; curiosamente, el mismo que en la gira de hace veinticinco años, acompañaba a Clapton como guitarra en el escenario. Hoy era telonero, pero por ello quizás, tuvo oportunidad de lucirse aún más. Me sorprendió, debo reconocerlo. Incluso con una primera cerveza en mano, como que intenté bailar aunque fracasé en el intento; uno es así.

Serían las 20:57 cuando con superlativa puntualidad británica, las luces se apagaron y comenzaron a poblar el escenario unos grandes músicos reunidos alrededor de aquel al que preguntaron un día si era Dios.

El tiempo no perdona y ochenta y un años, no dejan de serlo en el aspecto de un tipo elegantemente vestido, con arrugas propias de la edad, pero con la clase que siempre vistió su figura.

Ver colgarse la guitarra a Clapton, ya es signo de algo grande; algo que en breve comenzaría a llenar espacios que sólo la gran música puede rellenar.

Un escenario sin grandes florituras técnicas, con tres grandes pantallas verticales y la iluminación suficiente para crear al mismo tiempo un ambiente cálido e íntimo entre los que como nosotros abríamos más los oídos que la boca.

Clapton fue desgranando un repertorio eléctrico y acústico casi a partes iguales utilizando el mismo setlist que en su anterior concierto de la gira que celebró en Praga.

Interpretó trece temas que debieron ser catorce si no fuera porque un llamémosle “inconsciente” fan, seguramente sin mala intención, no tuvo otra idea más feliz que lanzarle un vinilo con una nota cariñosa, que acertó de pleno en el pecho de Clapton cuando ya se retiraba para regresar después e interpretar el único bis que utiliza en la gira (Before You Acusse Me).

El ego de Clapton, del genio, le dijo que no volvía a salir. Así que independientemente de no escuchar un último temazo, ese inconsciente nos privó de despedirnos como merece de un mito que seguramente no volveremos a ver actuar en Madrid porque la vida, su vida, no dará para más.

¿Fue corto este concierto? Sí, teniendo en cuenta que al comienzo de la gira llegó a interpretar 16 temas.

¿Me defraudó por algo? En absoluto. Incluso superó mis expectativas. La banda, extraordinaria y él sublime como siempre, más aún teniendo en cuenta su edad, esa enfermedad que arrastra desde hace años que afecta a sus manos y piernas y su carisma que sin interactuar con el público, deja huella en todo aquel que sepa escuchar y ver con el corazón.

Y si tuviera que elegir un momento especial que seguramente nunca olvidaré, sería cuando una hija mientras sonaba Holy Mother se abrazó a mí y me arrancó una cierta y serena coreografía además de alguna lágrima que no pude retener. Son esos momentazos que para alguien como yo que vive la música y el amor de una hija con intensidad, no puede reprimir.

Gracias María, gracias Mr. Clapton

 

The Band

Nathan East (bajo), Doyle Bramhall II (guitarra), Sonny Emory (batería), Chris Stainton y Tim Carmon (teclados), con Sharon White y Katie Kissoon

 

 

Eric Clapton Setlist at Movistar Arena, Madrid, Spain

Tour: European Tour 2026

 

Electric

1.     Badge

(Cream song)

2.     Key to the Highway

(Charles Segar cover)

3.     I'm Your Hoochie Coochie Man

(Willie Dixon cover)

4.     I Shot the Sheriff

(The Wailers cover)

 

Acoustic

 

5.     Kind Hearted Woman Blues

(Robert Johnson cover)

6.     Nobody Knows You When You're Down and Out

(Jimmy Cox cover)

7.     Golden Ring

8.     Layla

(Derek and the Dominos song)

9.     Tears in Heaven  

 

Electric

10. Holy Mother

11. Cross Road Blues

(Robert Johnson cover)

12. Little Queen of Spades

(Robert Johnson cover)

13. Cocaine

       (J.J. Cale cover) 

lunes, 15 de diciembre de 2025

Desde mi Navidad

 


Sentado a una silla de ruedas, apenas puedo elevar el rostro; quizás el alcohol, la última paliza, o el penúltimo tropiezo. ¡Qué más da!

Desde la entrada y aterido por un viento frío, apenas puedo vislumbrar las caras de aquellos que entrando y saliendo, disimulan purgar pecados en la bendita Iglesia Catedral.

Unos pocos sabrán mi nombre; otros pocos acercarán su alma para interesarse por la mía y la mayoría mirarán hacia otro lado, porque en su mundo no hay cabida para aquellos que como yo sólo encuentran refugio en vinos y noches de interperie.

No discutiré sus pensamientos, palabras, obras u omisiones porque no soy nada, no soy nadie para juzgar a otros nadies.

Mi saludo nunca faltará a quien alguna vez me ayudó con una moneda, un bocadillo o simplemente con unas palabras y consejos reconfortantes. Más calor recibo de un segundo de sinceridad que de mil palmadas sin rozar mi espalda.

La vida me enseño a lamerle las heridas y distinguir como un perro abandonado al humano que solo con su mirada ya extiende su mano para abrazar mis penurias.

Así soy yo; con una vida que seguramente me ofreció alguna oportunidad de cambiarla, pero que no supe o no quise hacerlo; soy humano, soy imperfecto, pero al menos sigo siendo YO.

Llegarán días de jolgorios, copas, adornos de colores y turrones y regalos de mil clases a quien se haya portado bien.

Yo seguiré aquí, lejos de mi tierra y puede que cada día y a mayor velocidad, más cerca de esa otra tierra que me acoja para el descanso eterno.

Si pasas a mi lado, simplemente deséame lo que yo también quisiera desearte…

 

¡FELIZ NAVIDAD!

 

 

 

P.D. Dedicado a Peter, un hombre sin techo al que jamás le falta una sonrisa y un saludo que darme. A él y a todas las personas en una situación similar, mis mejores deseos y oraciones para que algún día la vida también les sonría igual que a los que sin saberlo, nacimos con mejor suerte.

  

jueves, 28 de agosto de 2025

Dos cañas y una casette

 


      

         Corría el año 1979 cuando con apenas  quince años mis pasos me llevaron a un bar querido y frecuentado . Ese bar era más que un bar; era un encuentro de amigos, cervezas y cartas donde los minutos se hacían horas y las horas coleccionaban historias.

Ese día, encontré acomodo en un taburete de la enorme barra tras la cual el hombre habitual de redondas formas y pelo olvidado en el tiempo, me regalaba la sonrisa de siempre y con su habitual saludo decía:

“¿Qué te pongo Zarco?”

“Pues me pones una cañita y unas patatas con anchoas”.

Regresó poco tiempo después con dos cañas; una para él y otra para mí; era su forma habitual de dedicar un pequeño tiempo a aquellos con los que tenía confianza y aprecio suficiente al otro lado de la barra para dedicarnos y dedicarse unos minutos de charla y descanso.

Poco duraban esas charlas porque enseguida se veía reclamado por otros clientes.

De repente, tras las gafas, mis ojos se percataron que en la parte totalmente opuesta de la gran barra, había un expositor de cassettes. Raudo y veloz, caña, patatas, anchoas, taburete y un servidor, se mudaron a sus pies.

Tomando posesión de ese pequeño espacio y momento, con toda la tranquilidad del mundo fui mirando aquellas cintas de entonces que en su jaula metálica y bajo candado, eran expuestas para todos aquellos a los que el gusanillo de unos buenos sones les hicieran comprar alguna.

No tardé mucho en ser abducido por una portada con una llama y letras verdes que formaban la palabra TRIANA y de título Sombra y Luz.

TRIANA ya me sonaban de días de radio que hablaban del Sr. Troncoso, de unos Hijos del Agobio, de un Patio y de una niña a la que invitaban a abrir la puerta cuando el día iba a comenzar. Esas canciones mi memoria de ahora y de entonces, guarda y guardará siempre como pequeños tesoros de buenos momentos vividos y otros buenos por venir.

Así que llamando a aquel con el que compartí caña, charla y amistad le pedí amablemente que esa cinta fuera liberada de su encierro para formar parte de mi pequeña historia.

Hoy varias décadas después, ese bar, ese amigo tras la barra, ese expositor, e incluso la voz y las percusiones de TRIANA son recuerdos de un pasado que me amó, amé y amaré siempre.

 

P.D. Dedicado muy especialmente a Eduardo Rodríguez Rodway guitarra y alma viva del mejor grupo de rock español que el destino nos arrebató pero la gloria convirtió en leyendas.

 

 

 

jueves, 29 de mayo de 2025

La señora del bolso mágico

         Un martes de hace poco más de dos años, conocí una sonrisa de entre un grupo de personas reunidas coloquialmente, que me recibió con la entrañable y a la vez descarada madurez de una señora de más de noventa años.

Sentirse acogido, sentirse integrado, sentirse amigo, fue casi instantáneo entre unas gentes que tenían y tienen en común conmigo el ver la vida con ojos que sin ver bien, lo ven todo.

Y esta señora, de talle corto, espalda doblada y bolso bajo el asiento de su inseparable andador, conectó rápidamente conmigo.

Sería su humor, su naturalidad, sus trabalenguas, su humildad, su bondad, su fortaleza, su inquebrantable decisión de no dejar pasar oportunidad de conocer, de admirar, o de participar en todo aquello que le ofrecían, lo que me hizo fijarme especialmente en ella.

 En las distancias cortas, esta mujer, no era igual; era aún mejor. Desprendía educación, dulzura, agradecimiento, sinceridad a todo aquel que ofreciera simplemente un brazo que acompañara su caminar a casa.

Yo fui afortunado al conocerla y podría asegurar sin lugar a equivocarme que dentro de ese bolso mágico en el que podía llevar desde un mechero, unas tijeras, o una navaja multiusos, también llevaba la amistad y el aprecio de todos los que tuvimos la gran suerte de conocerla.

A Pilar, con el agradecimiento de los que reconocemos que de vez en cuando la vida, la suerte o seguramente Dios nos bendice con almas así, todo mi cariño y aprecio. Las tertulias continuarán y aunque ya no serán igual, siempre habrá un tinto de verano para brindar por ti.

                                     D.E.P.

viernes, 17 de enero de 2025

A ras de suelo

Madrugada en uno de esos lugares cuyo nombre huele a tristezas. El silencio envuelve los sueños de un cansancio que siendo humano, no lo es. 

Miro cuerpos tendidos acompañando a quien sin hablar,lo decía todo con miradas y medias sonrisas.

Su historia se forjó al ritmo de juventudes de otros tiempos y costumbres olvidadas.

Su vida no fue fácil; la enfermedad se cebó en un cuerpo cuyo cerebro fue mal director del resto de su orquesta. Desafinó sus miembros hasta que una vil cama lo abrazó durante más de dieciséis años.

No fue justo en un hombre justo; no mereció nunca una suerte tan esquiva a la fortuna que todos buscamos; pero si existe un Dios y así lo creo fervientemente,  es ese Dios que para las batallas más duras siempre envía a sus mejores soldados.

Y este hombre que hoy se despidió de este mundo, lo era, lo es y lo será eternamente.

Me basta haberle conocido y asombrarme en el recuerdo de quienes más le disfrutaron, para asegurar que por muy duros que han sido estos años, siempre merecieron la pena.

Cinco últimos días de hospital y dentro del dolor intenso de ver como una vida se apaga, poder decir sin lugar a dudas, que se ha marchado firmando como epitafio una horas de orgullo, de esperanza, de fraternidad, de amor, de familia, de abrazos , de mil lágrimas y mil sonrisas con una sucesión de hechos que pareciendo casualidades, nunca lo fueron.

Han sido muchas horas de sala de espera, de cafés de máquina, bocadillos, miedos e incertidumbre.

Pero también han sido particularmente una horas hermosísimas que basadas en una historia de muerte, me han llenado de vida.

Me iré de este lugar donde ahora duerme una familia, con la sensación de que mereció muchísimo velar sus sueños porque sin serlo, me he sentido también un hijo.

Recordaré la entereza de quien siempre ha sido su compañera y un orgullo como hermana; a la rubia que me brindó a bocajarro uno de los pensamientos más hermosos que jamás escuché cuando me confesó que para ella soy como esa "casa" protectora de nuestros juegos infantiles; los abrazos enormes y los besos entre lágrimas de un mecánico de sentimientos intensos adornados de bondad sincera; los miedos de aquella que sufría pensando que su padre quedaba en soledad sin sospechar que jamás un amor grande puede quedar huérfano y como no de aquella otra que compartió conmigo charlas desnudas de tapujos entre pitillos al viento.

A todos, mil gracias porque estando casi a ras del suelo, me habéis regalado una bellísima historia que contar y recordar mientras miro al cielo y veo un Renault 12 verde metalizado conducido por un hombre que se dirige a un lugar llamado Cielo mientras con las ventanillas bajadas se escucha una canción que hablaba de la Madrecita María del Carmen.

A todos, G R A C I A S 

Os quiero



jueves, 2 de enero de 2025

Carta a los Reyes Magos

 


En una sociedad sin apenas cartas escritas, con Reyes que si están se admiten y si no están tampoco se echarían de menos y con una magia navideña que hace ya tiempo se perdió entre luces y grandes almacenes del consumismo más atroz que viviera la raza humana, llegamos al colofón de unas fiestas con el habitual baño en chocolate del sempiterno roscón que de seguir así te lo endosarán junto con un décimo de lotería en pleno mes de julio en cualquier lugar con olor a sal, montaña o pueblo perdido de la mano de Dios.

De castañas para calentar manos en gélidas noches de invierno, de abuelillos paseantes de nietos entre puestos de mercadillo con soniquetes de cascabeles o de copas y dulces velando sueños a la espera de ser degustados por esos increíbles, sorprendentes y nunca vistos repartidores de juguetes e ilusiones, apenas se habla por no pecar de nostalgia entre tanta sociedad en progreso.

¿Progreso?

Progreso sería mantener o intentar mejorar valores que forjaron una casta de hombres, mujeres y niños que entre flores, fandanguillos y alegrías, saludaban al mundo con el esfuerzo de su trabajo y una palabra educada entre tanto trabajo por hacer.

Hoy, no es así; el respeto se mide a razón de lo que pesas dentro de unos cánones estipulados por gentes cuyo principal valor o mejores principios, precisamente, es el de no tenerlos.

¡Ay pena, penita, pena! me da esta sociedad actual; dame pan, dime tonto y que no falten pelotas que centrar, cervezas que engullir, ni toros que lidiar, que lo demás por muy irreverente, de mal gusto, chabacano o incluso corrupto, se admitirá como animal de compañía.

Y hoy, redactando esa carta a los Reyes Magos, no sé si la escribo a unos Reyes mimetizados entre tanta multitud de aberrantes comparsas de lo incomprensible o podrá llegar a los verdaderos y genuinos que leerán mis letras con la atención, el respeto, quizás cariño y comprensión de un adulto que nunca quiso dejar de ser niño.

Haré mis peticiones por si alguna de ellas tienen a bien sus majestades, hacerlas realidad:

 

-         Pido salud; más para los que me rodean, que para mí mismo, aunque tampoco estaría mal que me tocara al menos el reintegro.

-        Pido que se acaben las malditas guerras; las famosas y las que no cuentan tanto porque no venden titulares.

-         Pido justicia para los buenos y para los malos, porque muchas veces pagan justos por pecadores.

-       Pido cultura; pero cultura de la buena, de esa que no necesita redes sociales para llegar al pensamiento humano y hacer vibrar por dentro a las personas.

-      Pido respeto y educación porque si se pierden, el mundo se engullirá y se desaparecerá por el retrete tirando él mismo de la cadena.

-         Pido trabajo y viviendas dignas para quien trabaje y sea digno de poder tenerlas.

-         Pido que se acabe la hipocresía, el fanatismo, la corrupción y todo aquello que vaya en contra de la propia idiosincrasia del ser humano.

-         Y por último, pediría quizás lo más difícil y que nunca he conseguido tener:

Un EXIN Castillos

 

 

domingo, 10 de noviembre de 2024

Al abrigo de una madre




¡Cuántas miradas al cielo rogarían parar el tiempo y que el segundero no quisiera llegar al minuto ni sus minutos a la hora! Pero el tiempo, como la vida, sigue su camino inexorablemente sin mirar atrás. 

No paramos a pensar, no hubo lugar al razonamiento; simplemente, el corazón corrió más aprisa que los pasos aunque por mucho que apretaron la marcha, se detuvieron al instante, cuando la fatalidad elevó un muro infranqueable de destrucción y cruda realidad que les gritó: “Llegásteis tarde”

Sus lágrimas llamarían mil veces a una puerta que cerró de golpe toda esperanza de que la voz de siempre les hablara al otro lado.

Sólo hubo tiempo a dibujar un corazón y escribir con tinta manchada de barro:

 “Adiós mamá, no pudimos llegar a tiempo” P E R D Ó N

 Debiéramos vivir en la esperanza de saber que una madre querida aunque no responda tras esa puerta, desde un lugar lejano pero infinitamente hermoso, seguramente al leer ese pensamiento de amor, culpa y perdón, diría:

“No hay nada que perdonar; abrigaos que está lloviendo mucho”

OS QUIERO


jueves, 7 de noviembre de 2024

La hora de los buenos

 


No hay mayor silencio que el silencio del olvido. Y no quisiera ser yo quien pasara de puntillas sin opinar por la historia más reciente de un país, de una región, de unas gentes que viven y vivirán una película de terror basada en hechos muy reales desde que el pasado 29 de octubre, mucha vida y muchos modos de vida se perdieron en un río de muerte y destrucción.

Han pasado ya los suficientes días para reflexionar sobre lo ocurrido sin la inmediatez de un corazón desbocado por los acontecimientos.

Muchas han sido las imágenes, los relatos y las vivencias de los protagonistas de esta desgracia que de un modo u otro debiera habernos tocado la patata si como se nos presupone, somos humanos.

¿Qué decir, qué pensar, cómo ayudar, cómo consolar…? Son muchas preguntas que en la distancia me hago y no termino de responderme.

No me basta un simple emoticono con una lágrima cayendo; no es de recibo que con mi pequeña aportación monetaria mi conciencia se sienta ya dormitando en el mar de la tranquilidad; no, no me basta. Quisiera que esta historia nunca se olvidara; que aunque pasen los días y las ciudades y los pueblos afectados maquillen sus muecas de horror, nunca olvidemos que una vez hubo ríos de lágrimas por el ser querido que partió; o de aquel otro cuya única posesión ahora es una manta que una mano amiga le ofreció o la de aquellos niños que fueron hombres al ritmo de un carrito llamado ayuda que transportaban por la calles. 

Son historias que nunca debieran olvidarse aunque se diga que la vida sigue. La vida sigue, sí; pero ¿seguirá igual?. Quiero pensar que no, aunque mi experiencia me dice que pasado un tiempo, seguiremos viviendo en el país de las maravillas donde todo se enmascara en una falsa felicidad adornada de promesas sin cumplir, brindis al sol y tardes de toros y fútbol. “Pan y circo” pregonaban los romanos, para que sigamos su ejemplo centenares de años después.

Me rebelo ante esa idea y prefiero pensar que los ríos y ríos de jóvenes portando cubos, palas, rastrillos y voluntad de ayuda a los demás, son el futuro más rabioso que podamos tener en este país. No se trata de vengar al inepto, sino de enseñarle que nunca debieran unos pocos jugar con las ilusiones puestas en el futuro de todos.

Se dice ahora que sólo el pueblo salva al pueblo. Desgraciadamente, así ha sido; pero no olvidemos que pueblo somos todos y que ese mismo pueblo es el que ha puesto al frente de un país, de una región o de un municipio a unos gobernantes que salvo contadas excepciones, han jugado con las vidas de los demás por un puñado de votos y ceros que añadir a sus cuentas.

Creo que ha llegado la hora de exigir que los políticos demuestren su valía; no se puede llegar a la cima sin haber estado antes en lo más bajo. ¿Cómo se atreven a exigir a los demás lo que ellos nunca son? ¿Cómo se permiten dar lecciones éticas sin dar ejemplo? ¿Por qué un joven de hoy en día debe estudiar lo que no está escrito para pasar una oposición si quiere encontrar un empleo mientras la peor generación de políticos con sus acciones u omisiones se ríen en su cara desde sus poltronas?

No hay vergüenza ni dignidad ni verdad en lo que dicen o hacen. Las verdades las adornan de mentiras y las mentiras las adornan de verdad.

Hoy la imagen de ese hombre es la que me viene a la cabeza; ojalá ese hombre se levante algún día y aunque, manchada su dignidad, se sacuda esos lodos para gritar al mundo:

“Es la hora de los buenos”

domingo, 19 de julio de 2020

Paddock

Con dos meses de retraso por esta maldita pandemia que todo lo trastoca, por fin a la hora acordada del día fijado, conduje el coche a la I.T.V. habitual mediante el sistema de cita previa, que hacía más de un mes gestioné a través de la web oficial.
Al llegar allí a eso de las 10:15 de una mañana calurosamente radiante, me encontré a la cola de una larga fila de automóviles.
¡Esto va para largo, pensé! Y con ese pensamiento me dirigí a las oficinas con la documentación en mano, la cartera preparada y a la espera de las indicaciones habituales.
Varias cosas cambiaron lógicamente por las medidas de seguridad actuales. Mampara de separación en el mostrador, geles por doquier y una gran falta del cestillo de caramelos que siempre me recibía con el logo de la empresa.
Una operaria recogió mis papeles, los comprobó y me preguntó:
¿Usted tenía fijada la hora de la inspección entre las 10:30 y 10:40 verdad?
Exactamente, contesté yo.
Miró su reloj y con una gran sonrisa me indicó…
Bien, aunque aún son las 10:25h. vamos a realizar ya la inspección de su vehículo. Si es tan amable, espere usted fuera que una persona le acompañará hasta el lugar para realizarla.
¡Qué bien, pensé yo! De algo tenía que servir esto de las citas previas, aunque si soy sincero jamás pensé que fueran más allá de la puntualidad.
Eso no lo presentía; pero lo que verdaderamente me impresionó en esta historia es que una vez fuera esperando a la persona que me tenía que acompañar e indicar, de repente se abriera una puerta y apareciera una mujer de esas que te dejan sin habla más allá de que estuviera o no hablando. Al menos de metro ochenta, larga cabellera rubia, ojos claros y rostro impenetrable en su totalidad por la mascarilla que lo cubría, con cuerpazo de esos de photoshop enfundada en una especie de mono negro completamente ajustado a unas curvas que ni el circuito de Spa Francorchamps.
Esa mujer se dirigió a mí y muy amablemente me preguntó:
Señor Zarco, ¿puede acercar su vehículo y acompañarme, por favor?
Mi primer pensamiento fue: “Hasta el infinito y más allá”; pero al final le contesté el consabido y educado “claro que sí, muchas gracias”.
Conforme me iba acercando a mi automóvil, mentalmente sonreía pensando o más bien divagando por mi afición a la Formula 1. En ese momento, me sentí piloto de carreras rodeado en el paddock de técnicos y alguna de esas modelos que paraguas en mano sólo solemos ver por televisión.
Me acompañó unos metros subida a sus tacones y yo subido a mi bólido y me indicó una entrada por la que aparecería un técnico que sin duda, no sería tan hermoso como ella. Nos despedimos cortésmente deseándonos un feliz día.
Así acabó esta pequeña historia, con mi mujer en el asiento del copiloto y riendo por estos pensamientos que le relaté mientras mi coche era zarandeado, auscultado y aprobado por un operario que dio su visto bueno a un coche y dos personas que comenzaron un feliz día de aniversario en un paddock cualquiera.

martes, 14 de julio de 2020

Tan lejos, tan cerca

      Una mujer de varias décadas no puede contener la emoción al abrir un paquete que sin envoltorio de regalo, lo es.
     Se diría que le pudo la emoción de lo inesperado, de la sorpresa sin más, del detalle de una conjura entre varios para ella sola.
     Observé su reacción, su perplejidad, su alegría y sus recuerdos. No sé qué me impresionó más; o quizás sí.
     Puede que el ver una niña que no conocí y vislumbré entonces en todo su esplendor, fuera lo que más me llamó la atención.
     Supe en ese instante que el objetivo se cumplió aún antes de mostrarse en toda su realidad al ser descubierto. Poco a poco el envoltorio fue abriendo paso a un contenido lleno de futuras miradas a cielos estrellados.
     Un asombro, una exclamación, un éxtasis de alegría mezclados en lágrimas de emoción.

            ¡Un telescopio! gritó a los cuatro vientos de una habitación cerrada.

     Un cartón por allí, unos plásticos de burbujas por allá, una bolsa de lentes, un trípode, tornillos y por fin el largo, negro y hermoso objeto cuya misión no es otra que la de acercar una mirada al abismo del asombro.
     No hicieron falta palabras; con su mirada bastó. Cuando unos ojos ríen de ilusión, no hay más que añadir a la escena.
     La luna la esperará pacientemente para ser descubierta; aquella estrella que se mueve, también; pero hay algo que nunca podrá cambiar:

     La mirada de una niña que siendo grande se hizo pequeña y de un universo tan lejano como cercano para todo aquel que quiera y sepa recrearse en su contemplación.

     

martes, 7 de julio de 2020

80 tacos


Hace la friolera de treinta y cinco años mes arriba mes abajo, un tipo al que sigo conociendo que no es otro que yo mismo, una calurosa mañana mochila caqui al hombro, caminaba somnoliento por el famoso Paseo del Prado de un Madrid tan reconocible como el de ahora.
Su sueño, era comprensible. Acababa de abandonar todo un Cuartel General del Ejército tras tres días de pernocta obligada allí para cumplir con lo estipulado en un compromiso firmado para servir a la Patria.
El trayecto sólo buscaba alcanzar el bus que esperaba en una parada de Atocha y que sin duda me llevaría al hogar dulce hogar.
Era una mañana hermosa, como muy hermosa era la mujer que captó mi atención sentada en una de tantas mesas del típico café-quiosco del Paseo que estaba atravesando.
No sé exactamente si fue su larga cabellera rubia o sus facciones extraordinariamente bellas. El caso es que pensé: “Yo conozco a esa mujer”.
Y efectivamente, la conocía. Incluso supe su nombre y sabía en qué trabajaba. Lo supe, pero no por una mente lucidamente despierta o una memoria fotográfica de cámara réflex, sino porque a su lado se sentaba un hombre por el que yo y millones seguramente como yo, se hubieran cambiado en ese y en otros muchos momentos.
La mujer en cuestión era Barbara Bach (chica Bond para más señas) y su acompañante no era otro que el mismísimo Ringo Starr con su barba y gafas que no podían ocultar su personalidad.
Todo un Beatle en Madrid, todo un baterista del seguramente grupo más famoso de la historia de la música, allí, a escasos metros de un hombre como yo que se crio a biberones escuchando sus músicas y que ha sido fiel admirador de las obras que a 45 o a 33 revoluciones siempre me han acompañado de los cuatro escarabajos de Liverpool.
Recuerdo no dar crédito a esa casualidad del momento, como tampoco daba crédito de unos fortachones por llamarles de alguna forma, que muy cerquita de la pareja en cuestión, preservaban su intimidad de miradas curiosas como la mía.
No me acerqué, más por miedo que vergüenza, pero me quedó un regusto de gloria cuando pensé que vi a una mujer hermosa como pocas y a una leyenda de la música que sigue siendo hoy al cumplir 80 tacos junto a esa misma mujer  que en un día soleado en Madrid captó mi atención.
Felicidades al Sr. Starr y mis respetos a la Señora de Ringo tantos años después.

domingo, 14 de junio de 2020

Al mal tiempo...

Tres meses de confinamiento más o menos estricto, dan para mucho. Teníamos todos varias opciones para sobrellevar mejor o peor estos días de obligado encierro. Unos leyendo, otros bailando, otros peliculeando o simplemente holgazaneando que también de vez en cuando se puede convertir en un sano ejercicio siempre que no abusemos de él.
Particularmente, me enganché a series de terror, fantásticas, fantásticamente divertidas o simplemente de esas que te hacen pensar; también comencé a cabalgar por segunda vez con el ingenioso hidalgo y su no menos singular escudero, aunque me quedé en algún terreno de un lugar de la Mancha de cuyo nombre ahora mismo yo tampoco me acuerdo.
La música, como siempre, no dejó de acompañarme en estos ya más de noventa días. Algún descubrimiento rockero con retraso y algún otro realmente sorprendente.
Pero lo que no podía ni por asomo imaginar, era que me engancharía a un programa o espacio que desde hace ya varios domingos a eso de las seis de la tarde a través de Instagram, nos habla de meteorologías, cambios climáticos, climas extremos, llamaradas solares, huracanes, corales que pierden su color, lugares inimaginables y mil y una historias que siendo de ciencias, me suenan a historias de buenas letras escritas de esas que te hacen prestar atención de pe a pa.
La culpa de todo esto y mi “conversión” a ese mundo del que yo sólo alcanzaba a descifrar como mucho bajas o altas presiones y poco más, la tienen dos mujeres.
Primero, mi santa esposa que un día me habló de cierta meteoróloga a la que seguía en las redes y de la cual estaba aprendiendo muchísimo y con la que estaba encantada por su forma de exponer el tema de ese día.
Y en segundo lugar, la propia meteoróloga que ha conseguido en poco tiempo que en mi móvil suene una alarma dominical a eso de las diecisiete cincuenta y cinco para conectarme a su espacio.
De nombre Mar Gómez, la describiría como una mujer guapa de esas de ojos color indescifrable y una sonrisa que sabes que no esconden nada que no sea naturalidad. Como diríamos coloquialmente, una persona que transmite muy buen rollo.
Su simpatía, indudable; su programa, muy ameno; sus conocimientos, fuera de duda; su memoria, para mí la quisiera y su interactividad con los seguidores, total. Añadamos a todo esto todo lo que casi sin darnos cuenta estamos aprendiendo y el cóctel nos da una mezcla tremendamente atrayente.
Mi memoria de pez globo me impide conservar durante mucho tiempo lo aprendido, pero siempre me queda el pensamiento de que durante una hora, gentes de vete tú a saber dónde, hemos permanecido en cierto modo atentos y unidos gracias a esta mujer que ha sabido poner en estos malos tiempos una buena cara.

*Con todo mi apoyo y agradecimiento a Mar Gómez por dedicar una parte de su tiempo al noble arte de hacernos la vida un poquito mejor con sus conocimientos y gran simpatía. Gracias

*Si queréis contrastar lo que aquí cuento, los domingos a las 18:00h. todos podemos citarnos en la red:

                 Instagram: @margomezh  
                                   Web: https://www.margomez.com/

miércoles, 3 de junio de 2020

Insolidarios


Mes de junio, sol en las calles y un sentimiento contradictorio. Debiera estar contento, debiera estar feliz, pero mi sonrisa no aparece y quizás tarde mucho en dibujarse en plenitud.
Salgo a la calle a pasear los lugares de siempre y me doy cuenta que ya no son los mismos para estos ojos que siendo míos, no miran igual.
Las calles, no cambiaron; los comercios siguen siendo los mismos aunque sus accesos sean controlados por cintas, personas o letreros de seguridad.
¿Y las personas?
Las personas son muchas; a pie y a caballo de bares donde las cervezas se cuentan por cientos en abarrotadas mesas de gentes alegres. Sí, alegres, porque alegre es quien ríe, alegre es quien bebe a medio metro del colega, del familiar, de un ligue o vete tú a saber de quién.
Y entonces mi mente recuerda y mi corazón se encoge. No doy crédito al presente siendo tan cercano un pasado tan terrible.
¿Dónde quedó el horror? ¿Dónde los miles de muertos en soledad? ¿Dónde los silencios del miedo a lo desconocido que no podemos ver ni tocar?
Da lo mismo el número que acompañe a la fase cuando de desfases y desfasados absolutos hablamos.
No merecemos muchos los esfuerzos realizados, las penurias vividas, las ausencias obligadas y el miedo a la muerte colgada en la comisura de los labios para que ahora, hoy, otras gentes enfundadas en inconsciencia, insolidaridad, botellones, botellines y risas, nos hagan o nos quieran hacer creer que todo esto fue un mal sueño.
La juventud no es excusa como tampoco lo es el adulto que protege su barbilla olvidando nariz y boca para comentar las mejores jugadas a quien le quiera escuchar.
De los sueños, se despierta; de la muerte, en este mundo, ya no. Y son miles de familias rotas, son miles de personas que con muchos o pocos años a sus espaldas, ahora son sólo un recuerdo por el que muchos de estos inconscientes brindan al sol que más les calienta.
Como objetivo principal, las vacaciones; dónde seguir la fiesta; qué arena, agua y sombrilla nos cobijará cuando el calor apriete.
De nada habrán servido las lágrimas vertidas, ni los miedos que acecharon. El muerto al hoyo y muchos vivos donde la chulería les lleve, porque para chulos, ellos.
¿Y los demás? Los recuperados con secuelas, los que quizás enfermaron y nunca lo supieron y en general aquellos que agradecemos primeramente seguir vivos, pues quizás ocupemos el tiempo libre en nuestra terraza a varios metros del suelo, en terreno seguro al cobijo del hogar y de una cerveza que también sin duda abriré brindando al cielo por mí, por todos mis compañeros y por quienes en el silencio de la ausencia también estarán presentes.
No hace mucho una amiga me preguntaba si pensaba que algo sería como antes. En principio, le dije que no. Pero meditando, me doy cuenta que desgraciadamente, al menos la inconsciencia de bastantes que viven de espaldas a la realidad, sí.
Y eso, lo pagamos todos en una factura demasiado cara para el bien común.