lunes, 15 de diciembre de 2025

Desde mi Navidad

 


Sentado a una silla de ruedas, apenas puedo elevar el rostro; quizás el alcohol, la última paliza, o el penúltimo tropiezo. ¡Qué más da!

Desde la entrada y aterido por un viento frío, apenas puedo vislumbrar las caras de aquellos que entrando y saliendo, disimulan purgar pecados en la bendita Iglesia Catedral.

Unos pocos sabrán mi nombre; otros pocos acercarán su alma para interesarse por la mía y la mayoría mirarán hacia otro lado, porque en su mundo no hay cabida para aquellos que como yo sólo encuentran refugio en vinos y noches de interperie.

No discutiré sus pensamientos, palabras, obras u omisiones porque no soy nada, no soy nadie para juzgar a otros nadies.

Mi saludo nunca faltará a quien alguna vez me ayudó con una moneda, un bocadillo o simplemente con unas palabras y consejos reconfortantes. Más calor recibo de un segundo de sinceridad que de mil palmadas sin rozar mi espalda.

La vida me enseño a lamerle las heridas y distinguir como un perro abandonado al humano que solo con su mirada ya extiende su mano para abrazar mis penurias.

Así soy yo; con una vida que seguramente me ofreció alguna oportunidad de cambiarla, pero que no supe o no quise hacerlo; soy humano, soy imperfecto, pero al menos sigo siendo YO.

Llegarán días de jolgorios, copas, adornos de colores y turrones y regalos de mil clases a quien se haya portado bien.

Yo seguiré aquí, lejos de mi tierra y puede que cada día y a mayor velocidad, más cerca de esa otra tierra que me acoja para el descanso eterno.

Si pasas a mi lado, simplemente deséame lo que yo también quisiera desearte…

 

¡FELIZ NAVIDAD!

 

 

 

P.D. Dedicado a Peter, un hombre sin techo al que jamás le falta una sonrisa y un saludo que darme. A él y a todas las personas en una situación similar, mis mejores deseos y oraciones para que algún día la vida también les sonría igual que a los que sin saberlo, nacimos con mejor suerte.

  

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