lunes, 15 de diciembre de 2025

Desde mi Navidad

 


Sentado a una silla de ruedas, apenas puedo elevar el rostro; quizás el alcohol, la última paliza, o el penúltimo tropiezo. ¡Qué más da!

Desde la entrada y aterido por un viento frío, apenas puedo vislumbrar las caras de aquellos que entrando y saliendo, disimulan purgar pecados en la bendita Iglesia Catedral.

Unos pocos sabrán mi nombre; otros pocos acercarán su alma para interesarse por la mía y la mayoría mirarán hacia otro lado, porque en su mundo no hay cabida para aquellos que como yo sólo encuentran refugio en vinos y noches de interperie.

No discutiré sus pensamientos, palabras, obras u omisiones porque no soy nada, no soy nadie para juzgar a otros nadies.

Mi saludo nunca faltará a quien alguna vez me ayudó con una moneda, un bocadillo o simplemente con unas palabras y consejos reconfortantes. Más calor recibo de un segundo de sinceridad que de mil palmadas sin rozar mi espalda.

La vida me enseño a lamerle las heridas y distinguir como un perro abandonado al humano que solo con su mirada ya extiende su mano para abrazar mis penurias.

Así soy yo; con una vida que seguramente me ofreció alguna oportunidad de cambiarla, pero que no supe o no quise hacerlo; soy humano, soy imperfecto, pero al menos sigo siendo YO.

Llegarán días de jolgorios, copas, adornos de colores y turrones y regalos de mil clases a quien se haya portado bien.

Yo seguiré aquí, lejos de mi tierra y puede que cada día y a mayor velocidad, más cerca de esa otra tierra que me acoja para el descanso eterno.

Si pasas a mi lado, simplemente deséame lo que yo también quisiera desearte…

 

¡FELIZ NAVIDAD!

 

 

 

P.D. Dedicado a Peter, un hombre sin techo al que jamás le falta una sonrisa y un saludo que darme. A él y a todas las personas en una situación similar, mis mejores deseos y oraciones para que algún día la vida también les sonría igual que a los que sin saberlo, nacimos con mejor suerte.

  

jueves, 28 de agosto de 2025

Dos cañas y una casette

 


      

         Corría el año 1979 cuando con apenas  quince años mis pasos me llevaron a un bar querido y frecuentado . Ese bar era más que un bar; era un encuentro de amigos, cervezas y cartas donde los minutos se hacían horas y las horas coleccionaban historias.

Ese día, encontré acomodo en un taburete de la enorme barra tras la cual el hombre habitual de redondas formas y pelo olvidado en el tiempo, me regalaba la sonrisa de siempre y con su habitual saludo decía:

“¿Qué te pongo Zarco?”

“Pues me pones una cañita y unas patatas con anchoas”.

Regresó poco tiempo después con dos cañas; una para él y otra para mí; era su forma habitual de dedicar un pequeño tiempo a aquellos con los que tenía confianza y aprecio suficiente al otro lado de la barra para dedicarnos y dedicarse unos minutos de charla y descanso.

Poco duraban esas charlas porque enseguida se veía reclamado por otros clientes.

De repente, tras las gafas, mis ojos se percataron que en la parte totalmente opuesta de la gran barra, había un expositor de cassettes. Raudo y veloz, caña, patatas, anchoas, taburete y un servidor, se mudaron a sus pies.

Tomando posesión de ese pequeño espacio y momento, con toda la tranquilidad del mundo fui mirando aquellas cintas de entonces que en su jaula metálica y bajo candado, eran expuestas para todos aquellos a los que el gusanillo de unos buenos sones les hicieran comprar alguna.

No tardé mucho en ser abducido por una portada con una llama y letras verdes que formaban la palabra TRIANA y de título Sombra y Luz.

TRIANA ya me sonaban de días de radio que hablaban del Sr. Troncoso, de unos Hijos del Agobio, de un Patio y de una niña a la que invitaban a abrir la puerta cuando el día iba a comenzar. Esas canciones mi memoria de ahora y de entonces, guarda y guardará siempre como pequeños tesoros de buenos momentos vividos y otros buenos por venir.

Así que llamando a aquel con el que compartí caña, charla y amistad le pedí amablemente que esa cinta fuera liberada de su encierro para formar parte de mi pequeña historia.

Hoy varias décadas después, ese bar, ese amigo tras la barra, ese expositor, e incluso la voz y las percusiones de TRIANA son recuerdos de un pasado que me amó, amé y amaré siempre.

 

P.D. Dedicado muy especialmente a Eduardo Rodríguez Rodway guitarra y alma viva del mejor grupo de rock español que el destino nos arrebató pero la gloria convirtió en leyendas.

 

 

 

jueves, 29 de mayo de 2025

La señora del bolso mágico

         Un martes de hace poco más de dos años, conocí una sonrisa de entre un grupo de personas reunidas coloquialmente, que me recibió con la entrañable y a la vez descarada madurez de una señora de más de noventa años.

Sentirse acogido, sentirse integrado, sentirse amigo, fue casi instantáneo entre unas gentes que tenían y tienen en común conmigo el ver la vida con ojos que sin ver bien, lo ven todo.

Y esta señora, de talle corto, espalda doblada y bolso bajo el asiento de su inseparable andador, conectó rápidamente conmigo.

Sería su humor, su naturalidad, sus trabalenguas, su humildad, su bondad, su fortaleza, su inquebrantable decisión de no dejar pasar oportunidad de conocer, de admirar, o de participar en todo aquello que le ofrecían, lo que me hizo fijarme especialmente en ella.

 En las distancias cortas, esta mujer, no era igual; era aún mejor. Desprendía educación, dulzura, agradecimiento, sinceridad a todo aquel que ofreciera simplemente un brazo que acompañara su caminar a casa.

Yo fui afortunado al conocerla y podría asegurar sin lugar a equivocarme que dentro de ese bolso mágico en el que podía llevar desde un mechero, unas tijeras, o una navaja multiusos, también llevaba la amistad y el aprecio de todos los que tuvimos la gran suerte de conocerla.

A Pilar, con el agradecimiento de los que reconocemos que de vez en cuando la vida, la suerte o seguramente Dios nos bendice con almas así, todo mi cariño y aprecio. Las tertulias continuarán y aunque ya no serán igual, siempre habrá un tinto de verano para brindar por ti.

                                     D.E.P.

viernes, 17 de enero de 2025

A ras de suelo

Madrugada en uno de esos lugares cuyo nombre huele a tristezas. El silencio envuelve los sueños de un cansancio que siendo humano, no lo es. 

Miro cuerpos tendidos acompañando a quien sin hablar,lo decía todo con miradas y medias sonrisas.

Su historia se forjó al ritmo de juventudes de otros tiempos y costumbres olvidadas.

Su vida no fue fácil; la enfermedad se cebó en un cuerpo cuyo cerebro fue mal director del resto de su orquesta. Desafinó sus miembros hasta que una vil cama lo abrazó durante más de dieciséis años.

No fue justo en un hombre justo; no mereció nunca una suerte tan esquiva a la fortuna que todos buscamos; pero si existe un Dios y así lo creo fervientemente,  es ese Dios que para las batallas más duras siempre envía a sus mejores soldados.

Y este hombre que hoy se despidió de este mundo, lo era, lo es y lo será eternamente.

Me basta haberle conocido y asombrarme en el recuerdo de quienes más le disfrutaron, para asegurar que por muy duros que han sido estos años, siempre merecieron la pena.

Cinco últimos días de hospital y dentro del dolor intenso de ver como una vida se apaga, poder decir sin lugar a dudas, que se ha marchado firmando como epitafio una horas de orgullo, de esperanza, de fraternidad, de amor, de familia, de abrazos , de mil lágrimas y mil sonrisas con una sucesión de hechos que pareciendo casualidades, nunca lo fueron.

Han sido muchas horas de sala de espera, de cafés de máquina, bocadillos, miedos e incertidumbre.

Pero también han sido particularmente una horas hermosísimas que basadas en una historia de muerte, me han llenado de vida.

Me iré de este lugar donde ahora duerme una familia, con la sensación de que mereció muchísimo velar sus sueños porque sin serlo, me he sentido también un hijo.

Recordaré la entereza de quien siempre ha sido su compañera y un orgullo como hermana; a la rubia que me brindó a bocajarro uno de los pensamientos más hermosos que jamás escuché cuando me confesó que para ella soy como esa "casa" protectora de nuestros juegos infantiles; los abrazos enormes y los besos entre lágrimas de un mecánico de sentimientos intensos adornados de bondad sincera; los miedos de aquella que sufría pensando que su padre quedaba en soledad sin sospechar que jamás un amor grande puede quedar huérfano y como no de aquella otra que compartió conmigo charlas desnudas de tapujos entre pitillos al viento.

A todos, mil gracias porque estando casi a ras del suelo, me habéis regalado una bellísima historia que contar y recordar mientras miro al cielo y veo un Renault 12 verde metalizado conducido por un hombre que se dirige a un lugar llamado Cielo mientras con las ventanillas bajadas se escucha una canción que hablaba de la Madrecita María del Carmen.

A todos, G R A C I A S 

Os quiero



jueves, 2 de enero de 2025

Carta a los Reyes Magos

 


En una sociedad sin apenas cartas escritas, con Reyes que si están se admiten y si no están tampoco se echarían de menos y con una magia navideña que hace ya tiempo se perdió entre luces y grandes almacenes del consumismo más atroz que viviera la raza humana, llegamos al colofón de unas fiestas con el habitual baño en chocolate del sempiterno roscón que de seguir así te lo endosarán junto con un décimo de lotería en pleno mes de julio en cualquier lugar con olor a sal, montaña o pueblo perdido de la mano de Dios.

De castañas para calentar manos en gélidas noches de invierno, de abuelillos paseantes de nietos entre puestos de mercadillo con soniquetes de cascabeles o de copas y dulces velando sueños a la espera de ser degustados por esos increíbles, sorprendentes y nunca vistos repartidores de juguetes e ilusiones, apenas se habla por no pecar de nostalgia entre tanta sociedad en progreso.

¿Progreso?

Progreso sería mantener o intentar mejorar valores que forjaron una casta de hombres, mujeres y niños que entre flores, fandanguillos y alegrías, saludaban al mundo con el esfuerzo de su trabajo y una palabra educada entre tanto trabajo por hacer.

Hoy, no es así; el respeto se mide a razón de lo que pesas dentro de unos cánones estipulados por gentes cuyo principal valor o mejores principios, precisamente, es el de no tenerlos.

¡Ay pena, penita, pena! me da esta sociedad actual; dame pan, dime tonto y que no falten pelotas que centrar, cervezas que engullir, ni toros que lidiar, que lo demás por muy irreverente, de mal gusto, chabacano o incluso corrupto, se admitirá como animal de compañía.

Y hoy, redactando esa carta a los Reyes Magos, no sé si la escribo a unos Reyes mimetizados entre tanta multitud de aberrantes comparsas de lo incomprensible o podrá llegar a los verdaderos y genuinos que leerán mis letras con la atención, el respeto, quizás cariño y comprensión de un adulto que nunca quiso dejar de ser niño.

Haré mis peticiones por si alguna de ellas tienen a bien sus majestades, hacerlas realidad:

 

-         Pido salud; más para los que me rodean, que para mí mismo, aunque tampoco estaría mal que me tocara al menos el reintegro.

-        Pido que se acaben las malditas guerras; las famosas y las que no cuentan tanto porque no venden titulares.

-         Pido justicia para los buenos y para los malos, porque muchas veces pagan justos por pecadores.

-       Pido cultura; pero cultura de la buena, de esa que no necesita redes sociales para llegar al pensamiento humano y hacer vibrar por dentro a las personas.

-      Pido respeto y educación porque si se pierden, el mundo se engullirá y se desaparecerá por el retrete tirando él mismo de la cadena.

-         Pido trabajo y viviendas dignas para quien trabaje y sea digno de poder tenerlas.

-         Pido que se acabe la hipocresía, el fanatismo, la corrupción y todo aquello que vaya en contra de la propia idiosincrasia del ser humano.

-         Y por último, pediría quizás lo más difícil y que nunca he conseguido tener:

Un EXIN Castillos